Un Black Box a reventar, humos densos, luces mágicas y una música con mensajes elevados… así fue como el concierto de Zona Ganja nos dopó a todos el pasado domingo 29 de abril.

 

Texto y fotos: Kathya Nuñez Martínez

 

Esa noche se presentó en Tijuana una de las bandas de reggae latinoamericano más representativas y con más de 15 años de trayectoria, Zona Ganjah, agrupación chilena que es una mezcla de hip-hop y reggae, la cual atrajo a unas 800 personas de la escena rasta de la ciudad.

Las puertas del Black Box se abrieron a las 8 de la noche y, a pesar de que era domingo y al día siguiente usualmente hay chamba, una hora y media después el lugar ya estaba a reventar de tijuanenses y gabachos rastudos.

Soma Reggae fueron los encargados de iniciar la fiesta. Banda tijuanense que está dando sus primeros pasos y después de buen rato de no dejarse ver ofreció una presentación que dejó a todos bien colocados para disfrutar de la banda esperada.

Después de un inter de unos 15 minutos se apagaron las luces del escenario y lo único que iluminaba el Black Box eran los celulares y la flama de los encendedores que no dejaban de chispear.

Cuando de pronto se dejaron ver las siluetas de los músicos que se instalaron en el escenario, la raza comenzó a chiflar y aclamar el nombre de la banda y sin tanta espera un bajeo sensual anunció que el show había comenzado.

Iluminado por una luz violeta se hizo visible José Gahona, vocalista de la banda, mientras cantaba “Bien saben los de Babilón, que mi ganjah es una planta, y que a mi gente le encanta fumarla”, y todos los hijos de Jah presentes comenzaron a corear “De la tierra crece”.

A donde quiera que voltearas había gente emanando humos densos que se fusionaban con luces que cambiaban de colores, envolviendo el lugar con una mística que se proyectaba en la cara de satisfacción de los presentes, quienes se movían de lado a lado como en automático, con una sonrisa y el ojito bien chino.

La banda se aventó un repertorio variado, intercalando canciones viejas y nuevas, entre las que no pudieron faltar clásicos como “Fumando vamos a casa”, “Y mi corazón contento” y “Vibra positiva”, rolas en las que el vocalista fusionó su voz con la de todos los asistentes y el micrófono salió sobrando.

Después de despedirse en dos ocasiones y volver a salir con la aclamación de “otra, otra”, una tercera fue definitiva, dejando a todos los asistentes bien Erizos pero contentos, en un concierto que pareció haber durado minutos y en realidad fueron dos horas de show, señal de que fue un buen trip, de esos en los que pierdes la noción del tiempo y te vas en el trance.

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