A unos metros sobre nuestras cabezas, una maquina acribillaba la tierra. Las topadoras alteraban la forma de la acera y una especie de paifang ayudaba a los transeúntes a argüir el porqué de la situación; aquel viernes faltaban dos semanas para la celebración del Año Nuevo Lunar y el Normandie está a unos cuantos pasos del Barrio Chino.

 

Texto por Alam Murguía / Fotos por Irán Fari

 

Debajo de la superficie no se notaba la presencia de las máquinas y ahí me encontraba observando, no, sintiendo la primera de las varias noches de Ambush que se anunciaron. En los lugares donde la oscuridad es uno de los conceptos principales, no se observa, se siente. Y ahí me encontraba yo, rodeado por la oscuridad y la clase de frio que se da por la escasez de gente. Imagine por un momento que era un dealer que se plantea por su profesión y su vida «No gente igual a no venta, no venta igual a no dinero, no dinero igual a no alimento, no alimento igual a muerte»; pero no era un dealer, era una especie de reportero y me encontraba charlando con otro obrero de la prensa musical.

—¿Entonces te plantó tu fotógrafo? — pregunto alzando la voz por el sonido de la música.

—¡Sí! ¡Tengo que tomar quince fotos! — la reportera observó su cámara por un momento – ¡Llevo siete!

Deberías ir hacia allá — señalé una cortina que le da un aspecto de proyecto de David Lynch al recinto — ahí está quien me acompaña tomándole fotos a los DJs.

—¡Voy en un rato! — ella puso un rostro pensativo y dijo – lo difícil es para nosotros. No hay nada que escribir sobre el evento.

—Dos mil palabras con mucha imaginación, eh –digo y luego suelto una sonrisa entre compasiva y burlona. Probablemente yo no acabe más que mil palabras, ella tendrá que esforzarse a muerte para que fluya su nota.

En el pequeño escenario, los miembros de NAAFI se turnan la tornamesa con los miembros de MAJIA (afiliados de Houston) y disparan al público con su mezcla; no hay muchas personas a quien disparar, el aviso a la batalla llegó demasiado tarde… ah, pero no parece importarles.

Mientras nos encontrábamos afuera escuchando los beats proporcionados por las máquinas de construcción, un poco antes de entrar, la organizadora se disculpaba con nosotros. Se nos había citado de nueve a once, el evento comenzaba a las diez y veinte minutos después de la hora de entrada seguían arreglando el lugar. Probablemente tendría que ver con que la organización del evento se había hecho con un tiempo bastante reducido. La publicidad en medios apenas si alcanzaba a ser vista por unos cientos de personas y los enviados de prensa bien podrían haber sido contados solo con los dedos de alguien que tiene ectrodactilia: ahí estaba la enviada de una revista de rock que fue plantada por su fotógrafo, Irán (un ser demasiado ambiguo como para ser descrito con el sustantivo de fotógrafo o fotógrafa) y yo, con mi corbata que me hacía lucir demasiado estúpido como para ser periodista.

Dentro del recinto, en algún momento me doy cuenta de que ha dejado de ser viernes y ahora el proyecto Ambush se encuentra viviendo su primera madrugada sabatina en México. Los DJs sueltan una mezcla satisfactoria que no pierde su marca de música electrónica pese a incorporar samples de melodías caribeñas y fragmentos de canciones de reggaetón, para sorpresa de algunos de los asistentes. Me decanto por las mezclas que cargaban un sonido a lo Detroit Techno.

Mientras los asistentes y yo tratábamos de concentrarnos en la música, una persona se dirigía a la salida. Por su pinta y el tiempo que duro en el sitio, probablemente era un dealer. No había mucho para él ahí. Fue uno de los primeros en salir del local, pero no el ultimo. Cuando Irán dejo de fotografiar al escaso público que estaba bailando se dirigió a sentarse y entonces fui hasta a él. Mientras charlábamos dos personas entraron al Foro y con la misma rapidez que bajaron las escaleras se dirigieron hacia la salida y se fueron. Irán se levantó y me comunico que iría hablarles ya que «son de la comunidad» como él. Al decir aquello de «La comunidad» me imagino una especie de culto a lo Heaven’s Gate o algo por el estilo. Tras un rato, Irán baja por la escalera de entrada, se acerca a mí y dice «Pidieron su rembolso porque no hay gente» «¿De verdad?» le pregunto a lo que me responde con un rápido «Sí».

Después de la una de la mañana, mientras me muevo al ritmo de la música recargado en un pilar del club subterráneo, pienso en cómo terminaré de escribir tal nota inexistente. Formulo varios cierres satisfactorios y tras debatirme un momento desplazo el «Había más gente en la posada de mi mamá, neton que si» por:

«La primera noche de Ambush fue el pistolazo de salida que no se escuchó. Solo algunos seres subterráneos pudieron oír aquel llamado proveniente de esta cueva Morlock. Esto no hace que el proyecto sea deplorable. Si un árbol cae en un bosque y nadie está cerca para oírlo, ¿hace algún sonido? Y si lo hace y no está nada mal ¿quién soy yo para decir que no vale la pena? Es su responsabilidad como amante de toda la música, querido lector, juzgar, escuchar, ver… o, mejor dicho, sentir el siguiente Ambush usted mismo. Porque en los lugares donde la oscuridad es uno de los conceptos principales, no se observa, se siente.»

Después de encontrar un cierre adecuado continuo con mi sesión de imaginación: Yo un dealer, camello o cual sinónimo les guste me llamo Omar, o puede que llame Ignacio, ustedes escojan. Tengo treinta y ochos años, o puede que tenga veintiséis y me replanteo mi negocio. Vivo en la Guerrero o puede que viva en la San Rafael. Si sigo yendo a lugares vacíos como este probablemente no logre llegar a final de mes. Debí ir a la Feria del Tamal por el Día de la Candelaria, ahí sí que hay gente ¿Pero existirá alguien que pida su champurrado con MDMA? No lo creo. No digo que sea verdad completamente, pero puede que mi mala suerte en estos lugares se deba a los chinos. Yo soy cabra y como bien saben este no es mí año, sino del perro. Los perros y las cabras no se llevan bien y todo eso. Además, el Barrio Chino no está muy lejos de aquí. Este año no es un buen año para una cabra. Este es el Año del Perro.

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