¿Qué es lo mejor que has intentado, lo que has atrapado, de lo que has llenado cada uno de tus oídos?, eso fue lo que encantó de Adan Jodorowsky, Xavi Policarpe y Julien Boyè, este viernes 15 de julio que tomaron el escenario y buscaron refugio dentro de la emoción por tocar la frontera, por recibir entre sus brazos el pedacito que es Tijuana, prender su energía de química magnética, intentar lo mejor por atrapar al tijuano y dejar muy en claro esta música colorida.

Entre dos fórmulas de distinto rock, pop, funk, personalidades que embisten como la vitalidad de Xavi con toques de eléctrico rock estilo journiano, de riendas americanas, tintes de rock francés, juego de voz y pulso atento desde su garganta, entendimos cómo todo esto se va compenetrando con la voz y pasión de Adan, acompañados de los compases de Julien y sus sonrisas entre uno y uno de los coros que se escuchan detrás de una batería de colores. Compenetrados los tres, siempre coqueteando con el público, desde cada nota que desprenden de la guitarra, del bajo y las baquetas en manos de Julien.

Empezamos la noche con Lhabia, banda que nos brindo unos instantes con una voz brillosa, buenos reflejos de guitarra, bajo, una batería fuerte y puntual y sorpresivas notas de rock psicodélico y trip hop en los teclados, creando el ambiente perfecto para presenciar lo que seguía de la noche. Mientras Lhabia dejaba el escenario y daba el espacio a Jardin, di una vuelta por el venue, en la parte de arriba algunas personas sentadas en pareja, chicas con su boyfriend, por todos lados se veía la repetida imagen de abrazos, bolitas de amigos con sus cámaras listas, el celular en breve para estar avisando a todos ¡que le caigan!, que aún hay tiempo de llegar a ver a Adan, otros preocupados por saber si cantaría canciones adanowskys o si sería un show completamente nuevo. Jardín inició,  los gritos y una que otra palmada se hicieron presentes; las manos en lo alto para tomar video se notaban cansadas, pero eso no detuvo a los fans para cantar a coro con esta banda de fusiones contemporáneas que nos presentó un set breve pero atinado al mood del momento.  

jardin banda

Fotografía por Juan Rangel

El momento esperado llegó. Salen por la parte de atrás del escenario, Adan dando un brinco seguido de Xavi y Julien. Adan empieza saludando y platicando, pero Xavi ansioso por comenzar, sutilmente mete presión y toma el teclado, con intensas ganas de entregarlo todo nos impresiona con su voz. Se intercambian los instrumentos entre cada canción. Dos voces congeniadas, siendo una explosión, verdaderamente funcionando como magnetismo total, elevan el escenario, se acercan a los fans que están en la parte más cercana a ellos, se tocan los dedos de las manos, ríen todos y gritos de adrenalina y cariño se mezclan entre toda la bandita de Tiyei que vino a verlos.

Fotografía por Jeanete Ciénega

Fotografía por Jeanete Ciénega

Xavi enamora con sus juegos de voces e intenta hacer que todos tarariemos las mismas melodías de su sincrónica voz, suelto la cámara del celular y acompañó a todos en la mini clase de canto que nos imparte con soltura, contento, creando un momento especial entre nosotros y ellos tres. Se turnan para cantarnos una en inglés por parte de Xavi, una en español, otra en francés, en éstas liderando Adan, él mismo se pasea por el escenario y al término de una rola comenta que en una tienda de L. A. no pudo resistirse ante una guitarra de 1930 con una pastilla de 1950 que la hace enigmática, quiere que la conozcamos todos, se desaparece la mitad de Adan para ir, por un ladito, a sacar a una pequeña, sencilla guitarra con fachada de ser tranquila y talentosa, la toma con delicadeza y juntos hacen una bella canción acústica que se complementa al final con Xavi y Julien.

La gente grita ”Amor sin fin” y Adan pide perdón por no recordar la letra, dice que todas sus canciones están dentro de él pero que ningún artista se sabe todas sus obras de memoria total, y algunas, como esa, para él tiene que recordarse por lo menos un día antes de estar en un escenario compartido. Sabiamente continua con uno de sus éxitos y los tres siguen con la pasiòn encendida en el Blackbox de Tijuana.

adana eduad

Fotografía por Valeria González

Todo parece un renacimiento escénico cada que vemos a los dos (Xavi y Adan) acercarse. Algunos entrelazados bailando, saltando, escuchando la sensibilidad, las extremas carreras musicales que se unieron. Una que otra chica tirando la cerveza por ladear su mano, – conper, conper compa, que ya traigo una más-, dice alguien entrando a la parte más próxima, cerquita del escenario, donde las bocinas se escuchan mejor y la voz de Xavi y Adan son más nítidas. Un amigo me voltea a ver de vez en cuando para levantar el brazo y veo sus labios cantando la rolita en curso, de pronto ya está con nosotros, platica un poco con mi pareja y se acerca a decirme románticamente lo que le gusta de Adan.

El concierto está por llegar a su fin, las luces se apagan pero todo se enciende again cuando se escucha entre el público “otra, otra”. Regresan al escenario, Xavi toca las cinco ligeras notas del gran inicio de este final, compañeras de un “Me siento solo”, gritos, felicidad y mucha ternura invaden la atmósfera, todos quieren ser otro y cantarlo. Es una noche completa. Se desconecta todo para seguir con una fotografía de cierre y de fondo la sexta de Tijuana espera conquistar con más, porque la fiesta sigue al bajar esas escaleras negras.

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